Margrete Heiberg Bose: una científica entre dos continentes
La historia de la ciencia está llena de otras mujeres que, sin ganar dos Premios Nobel, rompieron moldes, cruzaron océanos y abrieron caminos que hoy damos por sentados. Una de estas mujeres tiene una conexión muy profunda con nuestra propia historia local, aunque casi nadie la conozca: Margrete Heiberg Bose.
En un artículo reciente, el historiador de la ciencia Helge Kragh rescata la vida de esta científica. Margrete nació en Dinamarca en 1865. Fue la primera mujer de su país en graduarse con un título equivalente a un doctorado en química. Su proceso de formación la llevó a Alemania, epicentro de la física y la química de la época, donde conoció a quien sería su esposo. En una época donde las universidades alemanas apenas abrían sus puertas a las mujeres y figuras influyentes de la ciencia se oponían abiertamente a su educación profesional, ella se abrió paso en los laboratorios más prestigiosos de la ciudad de Göttingen.
Luego de una estancia en Danzig, su vida dio un giro en 1909, cuando junto con su marido, Emil Bose, armó las valijas y viajó a Argentina. El gobierno de la época quería transformar a la Universidad Nacional de La Plata en una universidad moderna con una fuerte impronta científica. Juntos asumieron la tarea de equipar y poner en marcha un instituto de física moderno y de primer nivel. Margrete tendría a su cargo los trabajos experimentales. Así se convirtió en la primera mujer profesora de física en todo el continente americano.
En 1911 la tragedia la golpeó, Emil murió de tifus, dejándola sola con un hijo pequeño en un país extraño. Aún con las dificultades de su situación, Margrete continuó enseñando, investigando y formando a las nuevas generaciones de científicos argentinos. A pesar de que las leyes argentinas de la época ni siquiera le permitían firmar sus propios contratos de trabajo por ser mujer, peleó por su lugar. Luego de volver a Europa durante la Primera Guerra Mundial, a su retorno a Argentina siguió enseñando y haciendo ciencia hasta su jubilación en 1941.
A pesar de sus innegables logros, la figura de Margrete no estuvo exenta de invisibilización. Luchó por su espacio aunque nunca se consideró a sí misma una feminista militante. En una entrevista, dejó claro su pensamiento: ella creía que la mejor forma de luchar por la liberación de las mujeres era haciendo su trabajo de manera impecable, demostrando con hechos que era la mejor en su campo.
¿Por qué la olvidamos? Kragh ensaya algunas respuestas: Margrete no hablaba inglés (escribía en alemán, danés y castellano), no buscaba el centro de atención ni tejió grandes redes de contactos. La historia muchas veces la redujo a ser “la esposa de Bose”.
Margrete murió en La Plata, donde está enterrada, en 1952. Su trabajo no cambió el rumbo de la física pero contribuyó al conocimiento en su área de investigación y ayudó a construir los cimientos de la ciencia en nuestro país demostrando que el conocimiento no tiene género ni fronteras.
Hablar de Margrete nos permite entender que la universidad que hoy conocemos también se sostiene sobre los hombros de pioneras que se atrevieron a cruzar el océano por amor al conocimiento.
Margrete Heiberg Bose, una mujer en los inicios de la química física
Por Helge Kragh
Instituto Niels Bohr, Copenhague
Resumen:
“La vida y carrera de la poco conocida Margrete Bose, nacida Heiberg (1865–1952), ofrece algo más que otro caso de una pionera olvidada en la ciencia. Siendo la primera mujer danesa en graduarse con un título académico en química —un doctorado (magíster)—, pasó la mayor parte de su vida en Alemania y en la lejana Argentina. Aunque se formó en química física en Gotinga, en la Universidad de La Plata (Argentina) trabajó durante treinta años en cargos profesorales como docente de física. Su carrera se vio facilitada, en cierta medida, por su matrimonio con el destacado químico alemán Emil Bose (quien, sin embargo, falleció a los 36 años, dejándola como madre soltera). No obstante, logró continuar su trabajo como científica y docente en La Plata hasta su jubilación en 1941.
Este retrato biográfico de Margrete Bose no solo narra la historia de una científica pionera y, en algunos aspectos, extraordinaria en dos continentes. También enriquece la historiografía de los inicios de la química física, de la ciencia en Dinamarca, Alemania y Argentina, así como de las condiciones generales de las mujeres científicas en el período comprendido aproximadamente entre 1895 y 1935. Además, destaca un valioso pero casi por completo ignorado folleto sobre la difícil situación política y económica en Alemania que Margrete Bose publicó en 1919.”
Artículo completo: https://muse.jhu.edu/article/988460

